sábado

Novedad Discográfica: Con Holman Álvarez en la grupa de la "Yegua de la Noche"

Un álbum del todo inquietante, el del pianista HOLMAN ÁLVAREZ titulado “Yegua de la Noche” publicado en 2012 por el sello disquero independiente Festina lente Discos. El ritmo allí es sobrecogedor pues las alusiones rememoran el secreto placer de los descubrimientos y los hallazgos en cajones o en rincones, a la manera de Gaston Bachelard o de la forma en que el “Gaspar de la Noche” de Alloysius Bertrand nos propone detrás de la puerta. Aquí hay atisbos e intuiciones y en las líneas que el tinglado recorre se adivinan los terrores nocturnos y acaso estos sonidos sean una contra para que el miedo se espante. El enigmático e insistente disco del pianista colombiano HOLMAN ÁLVAREZ publicado en 2012, recuerda sin lugar a equívocos, una conferencia fundamental en la obra del poeta Jorge Luis Borges titulada “La Metáfora” en la cual relata que hay un número más bien finito y muy breve de metáforas y también que al hacer las traducciones que en últimas son nuevas versiones que un poeta puede hacer de otro, surgen como desde un espejo de revelaciones, acaso nuevas metáforas, como pasa con la palabra “Nightmare” que del inglés traduce “pesadilla, en verdad es una yegua que desde el revuelto sueño nos trae de la grupa un puñado de sueños. Tal y como Borges juega con las palabras, HOLMAN ÁLVAREZ parece aquí jugar con las metáforas y con los sonidos. Ha recibido una lección de ello. El poeta dijo en su citada conferencia sobre “La Metáfora”: “Para considerarlas, volveré ahora -inevitablemente- a los anglosajones. Recuerdo aquella kenning verdaderamente común que llamaba al mar «el camino de la ballena». Me pregunto si el sajón desconocido que acuñó por primera vez esa kenning sabía lo hermosa que era. Me pregunto si se daba cuenta (aunque esto apenas tiene por qué importarnos) de que la inmensidad de la ballena sugería y enfatizaba la inmensidad del mar”. De un modo similar, ÁLVAREZ nos recuerda aquí, desde su piano encajonado en las paredes de su “Yegua de la Noche”, el paladeo que hace de tonadas conocidas, o apenas sospechadas, de su propia cosecha o ajadas por la memoria, un “Lover Man” que agita la nocturna mano de los durmientes, un tinglado que no cesa de suspirar en secretos aposentos.